Del euro a la caída de la política europea

A partir de ahí, sobre la base de unos niveles de movilización no vistos en Europa desde hace décadas, en Grecia ha ido ascendiendo en intención de voto la coalición Syriza hasta emerger como segunda fuerza en las pasadas elecciones y muy posible ganador en la repetición de los comicios de junio. Éste es un cambio tremendamente significativo, que puede alterar seriamente las relaciones de poder sobre las que se despliega el Gobierno de la crisis del euro. Frente a la posición ‘izquierdista’ clásica de salida del euro y vuelta a la soberanía nacional, Syriza ha dado un paso adelante planteando la posibilidad de un impago de la deuda sin salir del euro: el derecho democrático al impago dentro de la Unión Europea.

Abrir la puerta al no pago

La enorme fuerza tendencial de esta posición consiste en que con este movimiento se abre la posibilidad de que otros países de la zona euro hagan lo mismo. Frente a esta postura, la UE va a seguir, como ha hecho desde el principio de la crisis, amenazando con expulsar a Grecia del euro si no acepta las condiciones que se le han impuesto a través de esa potente herramienta de dominio que es el rescate.

Desde luego, en esta nueva coyuntura, en el hipotético caso de que Grecia saliera del euro, tendría que ser a causa de la expulsión, en lugar de un abandono voluntario, con lo cuál el creciente autoritarismo de la Unión Europea traspasaría un nuevo umbral que aceleraría su deslegitimación ante las poblaciones de la periferia europea. Hay que recordar que no hay un sólo motivo económico para que Grecia deje el euro si decide no pagar. La amenaza es disciplina pura.

La expulsión de Grecia

Si la UE decidiera expulsar a Grecia del euro, con una más que probable devaluación descontrolada de su nueva moneda, se plantearía un escenario extraordinariamente duro para la economía griega, que garantiza un impago casi total de la deuda pendiente con los bancos de los países centrales, Francia y Alemania.

Por supuesto, como parte de la guerra informativa que se ha desencadenado tras la irrupción de la nueva coyuntura, no ha parado de decirse que los bancos del centro están relativamente a salvo de un impago griego. Esto no sólo no es creíble, sino que una quiebra total griega provocaría que los bonos de deuda soberana, a los que se considera ‘capital de calidad’ perdieran tal calificación provocando la bancarrota técnica de un buen número de bancos europeos y una más que probable caída de Alemania, que sólo ha sorteado su crisis gracias a que se financia barato en los mercados de deuda exclusivamente porque los países periféricos se financian caro.

Esto es lo que lleva intentándose evitar, a la desesperada, desde el principio de la crisis. La UE sabe que Syriza dispone de buenas cartas estratégicas para sacar adelante su propuesta de impago dentro del euro y que eso provocaría la devolución de la crisis a los países centrales con la caída parcial de las fronteras políticas de la UE que, recordemos, están sirviendo de líneas de descarga de costes sobre los países de la periferia.

Por eso ya ha comenzado su propia campaña electoral, intentando provocar desde el BCE una salida masiva de capitales de los bancos griegos mediante la amenaza de dejar de proveer de liquidez a éstos. Más allá de este chantaje, lo que esta sucediendo es que esta posible coyuntura abre, por primera vez en mucho tiempo, algo parecido a la posibilidad de plantear luchas de clases en el corazón de las políticas europeas.

Mayo de 2012

http://www.diagonalperiodico.net

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