La extorsión y la agonia de la UE

A primera vista, la crisis financiera europea parece una continua repetición de sí misma: un ciclo de extorsión financiera permanente apuntalado en secuencias de rescate, austeridad y privatizaciones. Sin embargo, los golpes de Estado ‘blandos’ en Atenas y Roma –para poner gobiernos ‘tecnocráticos’ que implementen sin chistar los planes de a­juste–, podrían ser la parte más visible de un cambio de escenario político. Fundamentalmente, este cambio tendría su origen en la aceptación, a regañadientes, de que el problema financiero de la UE tiene que ver con una crisis bancaria galopante y, sólo de manera derivada, con las cuentas públicas.

Esta nueva orientación fue aprovechada por Grecia para amagar con convocar un referéndum largamente reclamado por los movimientos. El referéndum podría haber dado cauce a las aspiraciones de la población griega de decidir acerca de los términos del impago desde algún parámetro, al menos, cercano a la soberanía popular. La batalla terminó con el gesto autoritario más brusco y visible de la civilizada Europa en los últimos treinta años, la supresión fulminante del referéndum griego. Desde entonces, Grecia ha entrado en un default gestionado por la UE en representación de sus acreedores internacionales, mayoritariamente grandes agentes financieros transnacionales y bancos europeos.

Es extraordinariamente importante no confundir esta operación con otra cosa que no sea una toma de control sobre la economía griega para garantizar beneficios financieros que se habrían esfumado en el caso de un impago dirigido ‘desde abajo’. Estos arreglos para el control del impago griego han hecho bascular las formas de obtención de beneficios financieros hacia un modelo diferente. En la fase anterior, los flujos de capitales especulativos se movían entre el nicho seguro de los bonos alemanes y los nichos de alto beneficio de los países periféricos. La desaparición, temporal, del polo de altos beneficios trastoca este esquema y vuelve el centro de las operaciones de extorsión sobre la deuda pública hacia economías mucho más grandes que la griega. Como la italiana y la española, que ofrecen tipos de interés menores que los pequeños países periféricos pero mucha mayor seguridad y, en términos absolutos, enormes sumas de dinero.

En este movimiento cambian las relaciones de competencia que mantienen entre sí las distintas deudas nacionales y, de un plumazo, se exigen mayores rentabilidades a la deuda de los países centrales: Francia y Alemania. Todo esto es un asunto relacional y que, en gran medida, deriva de la soberanía de las finanzas para decidir los niveles de rentabilidad de cada emisión nacional de deuda, es decir, la deuda alemana ha sido tan ‘segura’ como ‘insegura’ era la deuda griega, por una decisión unilateral de los propietarios del dinero, aceptada y reforzada por Alemania que, en este escenario, se encontraba con una ventaja comparativa que le permitía financiarse sin sobresaltos. A partir de esta reclasificación de las deudas nacionales surgen varias preguntas que pueden determinar el futuro inmediato de la crisis de la deuda. La primera de ellas afecta al régimen de rescates ¿Qué tipo de rescate es necesario para pagar las deudas a corto plazo de una economía como la italiana que es casi seis veces más grande que la griega?

Des­de luego no se trataría de un rescate ‘a la griega’ para el que, muy probablemente, no habría acuerdo dadas las magnitudes que se requerirían y su, más que posible, explotación populista en contra de los gobiernos de los países que pusieran dinero, por parte de sus oposiciones. Más bien se trataría de la puesta en marcha de algún fondo de rescate o vía de financiación permanente, que posiblemente tendría los mismos efectos que un rescate; pero que no permitiría esa eficaz dramatización política del momento del rescate que de un golpe abre las economías nacionales a los intereses de las finanzas, fundamentalmente en forma de privatizaciones de activos y bienes públicos rentables. Lo mismo podría decirse de las operaciones de compra de deuda del BCE: escalonan el gasto y transfieren recursos a los agentes financieros pero no llevan aparejado demasiado grado de control sobre las economías nacionales. Las demandas alemanas para una armonización fiscal, es decir para que los países centrales supervisen los presupuestos europeos, han de leerse en este sentido, como una estrategia para recuperar el poder económico directo sobre las economías periféricas.

Otra preguntar a plantearse tiene que ver con la manera en que los países centrales, Francia y Alema­nia, van a reaccionar al repentino deterioro de sus condiciones competitivas. Aquí hay pocas dudas de que de por aquí puede venir algún cambio político de cierto peso. Es muy poco probable que Francia acepte pasivamente que se saquee su dinero público sin al menos intentar un cambio en la regulación. Esta noticia sería buena si no fuera porque, hoy por hoy, este cambio regulatorio sea muy posiblemente un movimiento estratégico de los países centrales para recuperar sus ventajas competitivas a costa de la periferia europea. Por poner un ejemplo, los reclamados eurobonos podrían convertirse en emisiones franco-alemanas de deuda.

Sin duda, lo que está muriendo a una velocidad de vértigo es la ideología de la Europa como modelo civilizatorio de bienestar, prosperidad y modernidad. Ese modelo ideológico que en España, en concreto, ha funcionado durante décadas como el gran canto de sirenas para las clases medias y que ha hecho que hasta hace bien poco “ser europeos”, sin importar en que términos, fuera una cuestión del máximo consenso. En su lugar aparece, en toda su dureza, un meta-Estado con potestad para ejercer altos niveles de autoritarismo contra sus poblaciones a través de decisiones aparentemente técnicas. Con el agravante de que el hecho de haber sido el único experimento de integración nacional construido desde la dogmática atlantista neoliberal hace que haya muy pocos contrapesos institucionales y jurídicos. Pero lo que hace la situación extraordinariamente complicada es que la salida formal de la UE esta lejos de garantizar un escenario alejado de este esquema de poder financiero.

Co­mo bien saben los Estados poscoloniales, la mera retirada formal de un poder económico depredador no es garantía de una menor dependencia, sino que en muchos casos simplemente mantiene los resortes del control colonial negando derechos a los colonizados. La Unión Europea, dirigida por Alemania en representación de los poderes financieros, está jugando la vieja táctica de la utilización de las fronteras nacionales como contenedores de la crisis y líneas de descarga de costes. Cualquier política que intente recuperar y reforzar estas fronteras, incluyendo las monetarias, tiene todos los visos de reforzar, incluso a a corto plazo, esta estrategia.

http://www.madrilonia.org

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