Notas de Coyuntura (II)

Para los psicólogos conductistas, a partir de cierto nivel de complejidad cognitiva de sus sujetos experimentales, el problema central de sus prácticas de corrección de la conducta consiste en asociar el castigo a la acción y convertir ese vínculo en un reflejo mecánico. La situación en la que se encuentra ahora mismo España dentro del proceso de acumulación al que llamamos crisis del euro es semejante y así podemos leer los continuos rumores acerca del “rescate” a España. Repasemos un poco cuales son las funciones del rescate en la crisis del euro, las luchas en torno a la función del BCE, la posición de España y la de Alemania y el panorama político inmediato.

En Grecia el mecanismo de rescate sirvió para que, con la disposición de fuertes sumas en relación al PIB, Alemania abriera en canal la economía nacional griega para facilitar a los agentes capitalistas sus recursos públicos, ya sean monetarios o capital físico. La misma maniobra política, el rescate, le permitió gestionar en Grecia un impago “desde arriba” que ha reforzado la posición política de los acreedores y, por tanto, ha salvado su alianza con las finanzas que, en última instancia, está salvando a Alemania de una devastadora crisis interna. Este procedimiento queda certificado en un Memorándum de Entendimiento en el que se especifican grandes baterías de recortes y privatizaciones como contrapartida al desembolso de las cantidades a interés. Sin embargo, para España, una economía cuatro veces más grande que la de Grecia, no hay suficiente dinero para una operación de control y subordinación económica de esta escala y de esta claridad. En España, desde que en verano de 2011 se decidió que el mecanismo de intervención económica no iba a ser el rescate “a la griega”, se van sucediendo operaciones de intervención sobre los intereses de la deuda y de mini rescates (el de Bankia fundamentalmente), asociándoles las contrapartidas de una manera mucho menos clara que en el caso griego. Es el rescate por goteo.

Pero España está en el centro del mecanismo de acumulación financiera y esto implica que, sin un mecanismo de intervención política, el riesgo de impago desde abajo, en buena parte debido a unas movilizaciones que van centrándose en la cuestión de la deuda, crece exponencialmente y pone en riesgo la viabilidad de la extracción financiera. A pesar de que todo el proceso de construcción europea, desde la construcción del BCE a los acuerdos de Maastricht, está diseñado para que Alemania no asuma ninguna responsabilidad redistributiva en caso de crisis fiscal o crisis financiera, es inevitable que en una situación como la actual el Banco Central Europeo tenga que abandonar su papel de guardián de la inflación y asuma su función como prestamista de última instancia alargando el precario modelo de beneficio financiero del que depende el desplazamiento a futuro de la abismal crisis bancaria de los países centrales. Las declaraciones a favor de la compra de deuda soberana del BCE y la reciente intervención sobre la prima de riesgo forman parte de este esquema de acción en el que el Banco Central Europeo asume las funciones de algo parecido a un capitalista colectivo europeo por encima de la voracidad inmediata de las finanzas. Hay que recordar que es en el BCE, como germen casi único de un futuro estado europeo, donde están cristalizando institucionalmente los efectos de las luchas que están teniendo lugar en la Europa de la austeridad. En esta fase de la crisis, dicho sea de paso, hay que entender que las evoluciones de la prima de riesgo, tanto subidas como bajadas, son consecuencia directa de las decisiones políticas del BCE y, por tanto, podemos comenzar a interpretar su evolución en términos políticos y disciplinarios.

La postura de Alemania frente a esa nueva arena de las luchas que es el BCE es estrictamente disciplinaria: si no hay un poder que imponga las contrapartidas a la intervención sobre la deuda, España simplemente las retrasará para evitar la deslegitimación absoluta de su gobierno y la agudización del conflicto social. En un sentido muy restringido, Alemania tiene razón: en los años 90 el FMI se hartó de intentar presionar al gobierno japonés para que liquidara los malos préstamos que tenían sus bancos en balance después de la burbuja inmobiliaria y el gobierno japonés simplemente dijo que no pensaba hacerlo porque prefería mantener la paz social. En ausencia de mecanismos financieros de presión y en un país con elementos de soberanía económica tan fuertes como Japón, al FMI no le quedó más que tragar. En un sentido más amplio, Alemania está subordinando sus responsabilidades de capitalista colectivo a una obsesión disciplinaria que está generando, una tras otra, situaciones subóptimas desde su propio punto de vista que, además, le condenan a un ejercicio creciente del poder disciplinario en el futuro inmediato. Como en el caso de los psicólogos conductistas, el castigo se tiene que atribuir incluso en los casos en los que pone en riesgo la consolidación de conductas “modificadas”. Alemania prefiere seguir rehuyendo sus responsabilidades redistributivas, usando las fronteras nacionales como contenedores de la crisis continental y asfixiando económicamente a las poblaciones de la UE mediante la austeridad que plantearse la puesta en marcha de fórmulas que permitan una mínima mutualización de las pérdidas y un desplazamiento a futuro de la crisis. Muestras de esta política serían tanto las negativas alemanas a la mutualización de la deuda y los eurobonos como la puesta en marcha de un mecanismo europeo de rescate directo a los bancos presentado como unión bancaria. De una manera que podemos suponer inconsciente, Alemania estaría alimentando con estas posiciones la emergencia y consolidación del conflicto de clases a escala europea y, por tanto, generando las condiciones de una erosión del modelo de acumulación financiera, que recordemos que es un juego de suma cero en el que o ganan los agentes financieros o ganan las poblaciones europeas.

En última instancia, lo que planea por encima de este asunto es un problema político de primer orden. Alemania se niega a aceptar formulas de mutualización hasta que tenga plena constancia de que tiene sometidas políticamente a las escalas nacionales, en nuestro caso, al gobierno español. La estrategia clásica del FMI para este fin es el rescate, aunque la UE ya ensayó en los años 90 fórmulas parecidas el Este de Europa con la “Terapia de Shock”. Pero como muestra el rescate griego este proceso tiene riesgos políticos, la eficacia indiscutida del proyecto neoliberal europeo ha descansado en la existencia de una esfera transnacional europea no sometida a ningún escrutinio democrático desde la que se han impuesto los dictados en términos de políticas económicas a los estados-nación y se ha reestructurado la división continental del trabajo. A los estados-nación les ha tocado encajar los costes políticos de este modelo dentro de sus fronteras y de sus culturas nacionales. Por ejemplo, en el caso español, ese contexto político y cultural había sido la Cultura de la Transición, de la que forman parte importante los nacionalismos, desde la que se han leído en términos nacionales, distorsionadamente, los procesos y los conflictos generados en la esfera europea. Pues bien, la intervención directa del poder europeo, en este caso de su hegemón alemán, de manera visible en las políticas nacionales, provoca la caída de este arreglo y la politización de una esfera europea que se vuelve vulnerable a las demandas de democratización perdiendo legitimidad a pasos agigantados. No hay más que comprobar como el pasado 17 de junio seguimos en España las elecciones griegas como algo propio que nos afectaba materialmente para darnos cuenta de que ya hay una incipiente esfera política europea antagonista. El que la huelga general del 14N ya sea transnacional es un buen síntoma de la velocidad a la que marcha este proceso de construcción de un contrapoder a escala europea que se inició en Grecia. Y es que cada vez a menos gente se le escapa que el enfrentamiento decisivo es el que opone a la coalición Alemania/agentes financieros contra las mayorías sociales europeas.

Octubre de 2012

http://www.madrilonia.org

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