Máquinas de crecimiento y guerra entre élites: algunas notas sobre la corrupción

1) Oríginalmente acuñado por los sociólogos Molotch y Logan, la “maquina de crecimiento” es un concepto de la sociologia urbana norteaméricana de los años ochenta que describe, fundamentalmente, grandes coaliciones entre las élites de una ciudad (o una región) para maximizar el crecimiento físico y económico de las areas urbanas o de los espacios regionales. También conocido como “corporativismo  urbano”, la lectura política de este fenómeno se construye sobre la base de enormes consensos entre todos los agentes insititucionales y empresariales en torno a la idoneidad de la relación inmobiliario-financiera como método de gobierno de los espacios urbanos o regionales. El fenómeno nos es familiar, intepenetración de los intereses financieros y de la gran empresa con los poderes políticos locales normalmente con la participación de sindicatos, asociaciones de distinto pelaje y prensa local en el arreglo. En este modelo, la coalición de élites llega a confundirse con el territorio en cuestión -ya sea la ciudad de Madrid, Murcia o Cataluña- y  cualquier voz crítica se despacha como anti-territorio.

2) Durante el anterior ciclo de crecimiento, que duró de 1995 a 2007, y al que convencionalmente hemos llamado “años de la burbuja inmobiliaria”, el territorio español tomó la forma de una red de “maquinas de crecimiento” en competencia, reguladas por el estado central que, a su vez estaba sometido a la disciplina transnacional de la UE. Esto significa que el programa pro-growth de las élites locales estaba perfectamente entroncado con las grandes líneas de intervención del Estado central en la economía política, a las que en su día llamamos Keynesianismo de Precio de Activos. Es decir, para que España pudiera llevar a cabo sus políticas de crecimiento financiarizado, basado en el crédito y dependendiente de los precios de la vivienda, a escala nacional necesitaba este tipo de vertebración territorial en la que la alianza finanzas-inmobiliario-poder político local, podemos llamarlos especuladores estructurales, se hacía cargo del control del territorio local y regional, y, importante, de los recursos públicos que, en el caso de las Comunidades Autónomas estaba transferido, para ponerlos al servicio de la acumulación de capital y de la reproducción del poder de estas élites. Pero, además, en la medida en que ninguna de estas políticas progrowth contradecían los grandes mandatos de la UE neoliberal, estabilidad presupuestaria y contención salarial, y que desarrollaban funcionalmente el papel de captación de capitales financieros transnacionales que el proceso de construcción europea había asignado a España, se puede decir que se operaba una integración transnacional de los intereses de las elites en todas las escalas geográficas.

3) Los mercados de suelo, para ser todo lo dinámicos que necesita un modelo basado en la integración estatal de maquinas de crecimiento, necesitan ser gestionados en la escala local mediante relaciones cara a cara. Es decir, mediante redes clientelares que, de una forma u otra estan controladas por la coalición pro-crecimiento y en la que los newcomers, los que entran en los mercados de suelo locales deben poner en juego sus capitales sociales, sus contactos, para poder aspirar a hacer negocios en ese territorio respetando las jerarquías de los especuladores locales. La consecuencia, ya prevista por Molotch y Logan, es que, en este modelo, el especulador deja de ser alguien que aspira a verse beneficiado por las decisiones públicas para dar el salto a ser él mismo el tomador de decisiones. La red Gürtel, por ejemplo, no era sino un intento de asociar las redes clientelares dependientes de distintas coaliciones de elites locales para ponerlas al servicio de una maquinaria de partido,

4)   Pocas veces se resalta que la politica de austeridad de la UE encierra, además de muchas otras cosas, un proceso de reordenamiento de las élites europeas en sus distintas escalas geográficas de influencia. En el caso Español, el papel del Estado central como disciplinador presupuestario subsidiario de los contextos autónomicos y locales implica que tiene que ha tenido que operar los cortes de suministro monetario que requería Europa. Inevitablemente, esto implica desalojar a parte de las élites que en el anterior ciclo colgaban de los aparatos autonómicos, locales y del Estado central, dejando a su paso un reguero de ex-especuladores estructurales resentidos que hacen uso de lo quede de sus capitales sociales para contraatacar “tirando de la manta”. Por supuesto, este mismo proceso confirma y refuerza a ciertas fracciones de las élites en sus posiciones de dominio de los aparatos del Estado. No hay más que ver cómo el triunvirato Banca-Constructoras-Inmobiliarias, se ha deshecho confirmando a bancos privados y constructoras (ahora beneficiarias de privatizaciones) en la cima de la piramide política y retirando a Cajas de Ahorro e Inmobiliarias de las esferas inmediatas de poder.

5) Este proceso sería la fuerza “estructural” detrás de los casos de corrupción que hemos ido conociendo en los últimos cinco años. Queda, pues, por ver las formas ideológicas puede tomar la operación de condensación política de esta guerra entre élites. En el caso catalán, puede entenderse que la posición de Artur Más está relacionada, en buena parte, con este proceso. Pero de forma más general se podría haber avanzado que las posiciones neocon eran las idoneas para esta operación de combate entre élites, en la medida en que siempre han estado bien pertrechadas para golpear desde la derecha populista a la derecha que se enrocaba demasiado en el aparato de Estado, y este es el caso, forzado por la deudocracia europea, del PP post-Noviembre de 2011. Sin embargo, dada la situación de derrumbe del régimen institucional heradado de los pactos del 78, parece más probable que la operación no sea un golpe neocon puro, que estaría más centrado en una guerra social contra inmigrantes, receptores de ayudas, etc, cuanto una coalición neocon/regeneracionista que se presente como de “salvación nacional” y que aspire, capitalizando el malestar social, a recomponer la jerarquía de élites desde parametros menos sumisos a los dictados transnacionales aunque sólo sea en un sentido estético. Por supuesto, huelga decir que todos aquellos que vemos en la coyuntura actual una posibilidad para cambios de mucho calado deberemos enfrentarnos a este tipo de operaciones.

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