El Gamonal: vecinos, ecologistas, tecnócratas

Trabajé durante muchos en años en un sitio lo suficientemente cercano a las decisiones ministeriales como para poder ver como empresas de la élite del Madrid global como Ferrovial presionaban al Ministerio de Medio ambiente para obtener una declaración de ruina energética de barrios enteros. Y no de cualquier tipo de barrios, sino de las periferias obreras de los años sesenta y setenta. Es decir, con el muy noble objetivo de la eficiencia energética, Ferrovial buscaba una declaración ministerial que le permitiera, por decreto, poner una instalación energética nueva y cobrársela a los vecinos de los barrios obreros sin posibilidad de que estos tuvieran nada que decir sobre el asunto. Acumulación por desposesión, sin duda, que obtuvo el respaldo de un buen grupo de notables tecnócratas que enarbolaban la bandera del ecologismo. Por suerte, aunque siguen intentándolo cada cierto tiempo, esto no ha ocurrido.

También recuerdo como un prominente ecólogo, con su prominente agencia de ecología, especialista en conquistar el corazón, y el dinero, de las administraciones públicas con sus rompedores diseños urbanos, cambió de sitio todas las paradas de la red de autobuses de una ciudad de tamaño medio siguiendo criterios de ahorro de energía. Sin embargo, se desencadenó una rebelión, liderada por los jubilados, que querían coger al autobus donde toda la vida, que terminó por tumbar un proyecto, posiblemente, sensato desde el punto de vista estrictamente técnico y, con toda seguridad, muy caro desde el punto de vista del dinero público. Por supuesto, el proyecto tenía su correspondiente plan de participación ciudadana lo suficientemente irrelevante como para no recoger en absoluto este malestar. Y es que, como decía la guia de las Agendas 21 locales, biblia tecnocrática de la participación, “hay que evitar que los procesos de participación se conviertan en plataformas de reivindicación”. La participación, vista de esta manera, es decir “sí a todo”.

Todo esto lo cuento porque creo que por debajo del conflicto de Gamonal ha latido un tipo de conflicto urbano que podría ir a más en los próximos años, el que opone a una especie de racionalidad tecnocrática ecologista, la hay interesadamente ecologista y bienintencionadamente ecologista, contra los intereses inmediatos de los habitantes de un determinado barrio o ciudad. Y, ojo, que es un tipo de conflicto que, como bien sabe Bildu en Guipuzkoa con la rebelión que ha generado su plan de recogida de basuras, no entiende de izquierda y derecha y bien puede seguir existiendo tras un cambio de régimen, o de un proceso constituyente, que no se tome suficientemente en serio la democracia local.

En El Gamonal no ha ido a más porque se estaba claramente ante un caso de corrupción, propio de las growth machines inmobiliarias hispánicas, donde intereses inmobiliarios, control de los medios locales y administración local se funden en una sola coalición de élites urbanas que entiende la ciudad como un catálogo de recursos a su disposición. Pero aún así ha habido voces que han dicho que los vecinos de Gamonal estaban luchando por su muy discutible derecho a aparcar y a usar el coche frente a un proyecto notablemente más limpio de Bulevar. Estaríamos ante una suerte de egoísmo arrogante de las clases populares empeñadas en joder la vida urbana con su culto al coche. Argumento que, aunque cuando han dado voz a los vecinos se han encargado de desmentirlo, demostrando un notable conocimiento urbanístico, bien podría ganar peso de continuar el conflicto de Gamonal.

El ecologismo tiene la mala suerte política de encarnar los intereses de algo llamado “el planeta”, pero, como sus militantes más inteligentes han entendido bien, la única manera de superar ese handicap es la democracia, a todos los niveles, nunca la imposición tecnocrática. Entre otras cosas, porque por esta última vía, la de la imposición estatal desde arriba, el ecologismo político tiene todas las cartas para encontrar sus peores aliados, los que menos se preocupan por el entorno y la salud colectiva y más por el beneficio privado.

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2 pensamientos en “El Gamonal: vecinos, ecologistas, tecnócratas

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