El futuro ya no es lo que era: un viaje a LA

El viaje a Estados Unidos ha sido una especie de subgénero literario europeo desde el siglo XVIII. Normalmente la experiencia se ha podido resumir como “he visto el futuro”. Futuro utópico o distópico dependiendo del momento histórico y de la mirada del europeo en cuestión. Es la segunda vez que visito USA en dos años, en esta ocasión Los Angeles, antes fue Nueva York, y yo diría que el resumen hoy sería más bien “de la que nos podemos librar”. La gran diferencia entre aquí y allí es de orden político. Por escépticos que seamos, en España, incluso en Europa, existen unas posibilidades de cambio impensables a este lado norte del charco. Por supuesto, Occupy fue un flash alucinante que aquellos que se sitúan en el lado militante de la vida están intentando todavía asimilar. Me ha sorprendido la cantidad de gente que atribuye el declive de Occupy única y exclusivamente a una brutal represión policial. Sin duda debió haberla, pero, obviamente, hay algo más. Aquí la vía político institucional es impensable. Estamos hablando de los Estados Unidos de América, y la sola idea de algo parecido a un “asalto institucional” provoca una mezcla de ojos abiertos como platos e hilaridad. Por no hablar de términos cómo “proceso constituyente”, que son simplemente incomprensibles en un lugar donde la constitución actual la escribieron unos tíos con peluca empolvada pensando en otros tiíos vestidos con pieles de castor.

Si el bipartidismo español nos parecía asfixiante, el americano parece directamente tan parte de la naturaleza de las cosas como que un tornado arrase Kansas. Da la sensación de que aquí los movimientos, y los hay muy potentes a nivel de organización de base, consiguen conquistas muy concretas, se consumen en sí mismos o se incorporan a la maquinaria del partido demócrata. Pero de ahí no pasan. Diría que el caso de Occupy y sus derivaciones es el segundo.

Es bastante significativo que, solo tres años después de Occupy, la principal forma de movilización que existe en estos momentos en los USA, el movimiento Black Lives Matter, esté pidiendo algo tan básico como que la policía deje de asesinar jóvenes negros todas las semanas y que el sistema judicial deje de ser un infierno racista. Algo que, salvando las distancias históricas, parece más propio de los años sesenta que de una ofensiva popular contra las finanzas. Por supuesto, este es el estado más poderoso del mundo y lanzarse a su conquista puede ser muy fácilmente visto como una aventura absurda. Pero también juega su parte una fuerte ideología de la sociedad civil como entidad independiente del Estado (desde la filantropía a las brutales donaciones de dinero a los movimientos), que, desde luego, parece muy útil para componer instituciones relativamente autónomas en un lugar donde los recursos públicos, que no la acción del Estado, no llegan a una infinidad de lugares, pero también retrae de la urgencia de pensar la cuestión de la conquista del Estado por las mayorías sociales.

Por supuesto, hablar de EE UU es hablar de desigualdad. En este viaje californiano he percibido algunas que separan a la clase media propiamente dicha de la extensísima clase trabajadora angelina. Unas brechas salvajes que, entre otras cosas, han sido responsables de la extensión de la nueva derecha entre parte de las clases trabajadoras. De los ultra ricos no tengo más noticia que haber atravesado en bus Beverly Hills y haber podido comprobar que solo una mansión vale más que los salarios juntos de los próximos veinte años de todos los que vais a leer este post.

Aquí van algunas:

1) La comida. Nunca he visto una proliferación de comida orgánica, ecológica y de cercanía como aquí. Cooperativas gigantes, miles de restaurantes especializados, etc. En las librerias militantes los libros sobre comida ocupan un lugar preferencial y el asunto se interpreta como parte integral de una concepción ecologista, biopolítica y de cuidados de la vida. El asunto es efectivamente importante, el único problema es que rebasada la línea de la clase media nadie se puede permitir comprar este tipo de comida. A partir de ese punto del espacio social, no hay más que comida rápida, colesterol y grasas saturadas. Sin nada entre medias.

2. El transporte. Esto me temo que es una cuestión de LA. Varias personas me han felicitado por haberme pasado una semana moviéndome en autobús en Los Angeles. He ocultado el hecho de que no tengo carnet de conducir por si me expulsaban del país o algo así. En serio, Los Angeles es una ciudad mastodóntica sin apenas sistema de transporte. Una ciudad formada en su mayoría por espacios que nosotros llamaríamos “polígonos” antes que espacios urbanos, solo jalonada por algunas centralidades. Una conurbación de 15 millones habitantes que no tiene metro. El autobús discurre solo por vías principales y pertenece exclusivamente al ejercito de trabajadores y trabajadoras mexicanos, salvadoreños y guatemaltecos que mantiene esta ciudad.

3. La salud. Por supuesto, todos sabemos que el sistema privado de salud americano es una fuente de gigantescas desigualdades. Lo que no sabía es que estas desigualdades pueden resaltar tanto a simple vista. Sobretodo en los mayores. Mientras algunos viejos californianos parece que fueron cuidadosamente embalsamados el día que se llenaron el pelo de flores y tomaron LSD junto a una hoguera en la playa, y desde entonces solo les ha dado el solecete, han comido frutita, han hecho jogging y se han pagado un seguro privado. Otros, claramente con menos pasta pero de la misma edad, cojean, tienen el cuerpo agarrotado y no les queda un solo diente sano.

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4 pensamientos en “El futuro ya no es lo que era: un viaje a LA

  1. Olof

    En otro futuro viaje a California que hagas, pásate por San Francisco y pasea por el centro financiero. Pensarás que estás en un futuro donde EEUU se ha hundido en la miseria. La cantidad de gente sin techo es bestial, con imágenes que, cuando se dan en otros países, ves en vallas publicitarias llamándote a donar dinero. Una de las cosas que más me ha impactado en mi vida, sin lugar a dudas (sobre todo porque luego ves a los típicos “startup-ers” de San Francisco paseando con su iPhone 6 en una mano y un latte del Starbucks en la otra y bueno, no puedes evitar pensar que ha sido la gentrificación masiva la que ha empujado a tanta gente a la calle -de verdad, el número de indigentes es inconcebible, más de 6000).

    En cuanto al punto de la comida, a mi también me llamó la atención, y acabé llegando a la conclusión de que es fruto del control tan distinto que tienen sobre los alimentos en EEUU. En Europa no nos podemos quejar, allí en EEUU los controles son tan laxos que ese boom de productos orgánicos y de cooperativas son la forma más sencilla de saber qué están comiendo. Por desgracia, esos controles que aquí nos aseguran una mejor calidad de nuestros alimentos son una de las cosas que más amenzadas están con el TTIP.

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  2. Gerrard Winstanley

    Aparte de Black lives matter también está activo a escala nacional el movimiento por el aumento del salario de los trabajadores de restaurantes de comida basura

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  3. Angelino

    Lo del transporte público tiene bastante de lugar común, creo que no has visitado demasiado en profundidad Los Ángeles. De hecho, no te has enterado de que tiene metro, y bastante decente además…

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    1. Isidro Autor de la entrada

      Lo que yo he visto es que las supuestas lineas de metro las operan autobuses. Se que hay un light rail que cubre poco de la conurbación. Y, en general, mi sensación es que el transporte público es muy insuficiente para el tipo de ciudad qué es LA. Sensación que compartían los locales con los que he hablado. Aún así, estaré encantado de volver y cambiar mi opinión si hace falta. No tengo mayor problema en escribir otro post loando el transporte público angelino.

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