Emprendedores: usted puede cargar con el peso de una crisis sistémica sobre sus hombros

La versión más acabada del término “emprendedor” pertenece a Schumpeter. Para el austriaco, tal figura no es, ni mucho menos un trabajador por su cuenta, un asalariado desvinculado de una estructura normativa empresarial, ni tampoco la materialización de la pringosa ideología de la empresarialidad personal. El emprendedor schumpeteriano tiene funciones económicas y sociales mucho más definidas. En concreto, el “emprendedor” es el sujeto social que rompe una situación monopolista estática para abrir nuevos sectores de acumulación, estableciendo a la vez nuevas rentas de innovación, y esto es importante, un nuevo pull, o tirón económico, capaz de abrir un nuevo ciclo de crecimiento. Al menos en la época en la que escribe Schumpeter, pasa, sin demasiado remedio, por el cambio tecnológico y la productividad del trabajo. Porque era capaz de asumir estas funciones sociales, el emprendedor era para Schumpeter la única posibilidad de legitimación de un capitalismo que él veía abocado a la muerte causada por el monopolismo extremo. Sigue leyendo

El capital ficticio

Cuenta Adam Smith cómo los comerciantes y los banqueros de Londres en el siglo XVIII tenían por práctica corriente adelantarse letras de cambio como consigna para sus operaciones comerciales, por supuesto con la certidumbre de que la operación saldaría ese documento y todavía arrojaría fuertes beneficios. Adam Smith, sin embargo, percibe que algo extraño está sucediendo en ese tráfico, que en principio tendría que ser rutinario: las letras de cambio han adquirido vida propia y se intercambian por un montante mucho mayor del que les corresponde. Smith advierte que esta circulación puede crear un desequilibrio monetario irreparable y llama a ajustar su valor al de las reservas de oro. En realidad, Adam Smith estaba asistiendo perplejo a la creación descentralizada de una forma de dinero que tomaba su valor, y su precio, en tanto título de propiedad sobre un beneficio futuro. Porque, al fin y al cabo, los precios de los títulos financieros y otros análogos, como los precios de la tierra, valen tanto como se cree que pueden llegar a valer. Son una de las formas más acabadas y socialmente aceptadas de la profecía autocumplida. Ese tipo de juicio en los que la afirmación de que algo sucederá en el futuro contribuye a que suceda. Sigue leyendo

Notas rápidas sobre el 22M

Hoy estoy enfermo y no he podido ir a la mani. Justo cuando me he dicho que, con una acampada empezando, no quedaba más remedio que abrigarse, tomar Frenadol e ir para allá, ha llegado la carga demencial de los antidisturbios. Me ha dado mucha rabia no ir pero también he podido seguir la secuencia de acontecimientos desde fuera. Incluyendo, el tragarme, por primera vez, la infecta tertulia de La Sexta al respecto. Que, francamente, me recuerda bastante más a Tómbola y La Noria que a una discusión política. Aún así, no he podido dejar de alegrarme de que tipejos como Eduardo Inda o Alfonso Rojo se vean obligados por la fuerza de la movilización a hablar de “proceso constituyente o de “impago de la deuda”, o de que un cretino sociata como Antonio Carmona tenga que distanciarse de ambos términos. Sigue leyendo

Ser más rígido que la UE neoliberal: algunas notas sobre Ucrania, Rusia y Europa

En esta fascinante nota de prensa de la UE sobre Ucrania, además de los formalismos consabidos, distintas formas de decir que no piensa hacer nada en torno a Crimea, propone a Ucrania como políticas europeas, dos muy “ilusionantes”: facilitar una intervención del FMI y un acuerdo de libre comercio. Ya sabemos lo que quiere decir esto, una reorganización de las élites que se volverán más transnacionales, más sumisas a los mercados financieros, e igual de ricas y corruptas. Y una mayor especializacion regional de la producción que hará más dependiente a Ucrania de la UE. Y también sabemos lo que no quiere decir, no quiere decir “redistribución de recursos”, ni “derechos políticos”. Sigue leyendo

Stuart Hall y el discurso político

El recientemente fallecido Stuart Hall fue el protagonista, en las páginas de la New Left Review en los años ochenta, de uno de los debates políticos más interesantes, y que mas me han hecho reflexionar, que yo haya podido leer. Y que de paso, ilustran la importancia que daba Hall al debate como herramienta fundamental de la política emancipatoria. El debate político, se entiende, algo muy diferente del debate académico.

En 1983, Hall avanzó su hipotesis de que el thatcherismo era una forma de “populismo autoritario”, antes de nada, para prevenir al Partido laborista y a los lideres sindicales de que su confianza en las posiciones sociológicas “de clase” (posiciones objetivas, estatus socioeconómico, etc) ya no valían políticamente para nada. El thatcherismo había hecho bascular la relación entre “fuerza” y “consenso” en favor de este último y había logrado abrir vías de penetración de un neoliberalismo “cultural” en espacios sociales que por posición social deberían haberse enfrentado a la contrarevolución thatcheriana. Un poco a la manera de nuestra CT, aunque quizá con una victoria menos rotunda, los convulsísimos setenta ingleses, que literalmente habían generado una crisis de gobernabilidad, se estaban cerrando políticamente y dejando paso al control neoliberal de la situación. Y, desde luego, las apelaciones a lo “obrero”, así sin mayor especificación, habían dejado de ser sinónimo de política emancipatoria. Sigue leyendo

El Gamonal: vecinos, ecologistas, tecnócratas

Trabajé durante muchos en años en un sitio lo suficientemente cercano a las decisiones ministeriales como para poder ver como empresas de la élite del Madrid global como Ferrovial presionaban al Ministerio de Medio ambiente para obtener una declaración de ruina energética de barrios enteros. Y no de cualquier tipo de barrios, sino de las periferias obreras de los años sesenta y setenta. Es decir, con el muy noble objetivo de la eficiencia energética, Ferrovial buscaba una declaración ministerial que le permitiera, por decreto, poner una instalación energética nueva y cobrársela a los vecinos de los barrios obreros sin posibilidad de que estos tuvieran nada que decir sobre el asunto. Acumulación por desposesión, sin duda, que obtuvo el respaldo de un buen grupo de notables tecnócratas que enarbolaban la bandera del ecologismo. Por suerte, aunque siguen intentándolo cada cierto tiempo, esto no ha ocurrido. Sigue leyendo

El accidente y las fronteras.

Un “accidente” en la isla de Lampedusa ha matado a más de 130 migrantes. Ahora vendrán las monsergas del “drama de la inmigración”, como si los barcos por el mero hecho de llevar inmigrantes tuvieran una mayor, e inexplicable, propensión a hundirse y estas muertes no fueran consecuencia directa de una política de inmigración racista y criminal apoyada por la gran mayoría de instituciones políticas que van a “lamentar” esta masacre. Supongo que no éxige un gran esfuerzo decir que todos aquellos que han colaborado en que tengamos está política de inmigración y fronteras europea, entre ellos y de forma destacada, nuestros gobiernos de PSOE y PP, son simplemente unos asesinos. Más complicado resulta analizar si en este momento, en el que todos los gatos son un poco pardos, el tipo de imagenes y posiciones políticas que manejamos desde nuestros sectores políticos no redundan, consciente o inconscientemente, en un reforzamiento de la política de fronteras. Sigue leyendo

La apuesta de Thatcher y el origen del punk

Algunas reflexiones sobre el punk y su coyuntura política, al hilo del libro sobre Kortatu que estoy escribiendo con Roberto Herreros:

A finales de los setenta, en el Reino Unido, el neoconservadurismo de Margaret Thatcher aceptó el envite que le planteaban los trabajadores, que llevaban una década poniendo en jaque a los distintos gobiernos laboristas y planteó una guerra social abierta en la que no valía menos que una (contra)revolución cultural total. Así, aprovechando ciertas fallas del modelo anterior, Margaret Thatcher y los suyos sacaron adelante una serie de imágenes culturales que recubrían todo un programa económico a favor de los más ricos y de consolidación del poder de las finanzas londinenses a expensas del resto del país. La clave de bóveda del thatcherismo era la ruptura de cualquier tipo de sentimiento de vinculación entre clases sociales o entre grupos más o menos sólventes económicamente. El mensaje era muy claro: “No hay ningún tipo de obligación hacia los pobres. El que es pobre es porque se lo merece. No hay ningún motivo para mirar hacia los que vienen por detrás”. Lo “público”, en la medida en que servía a objetivos de redistribución o, simplemente, “lo colectivo”, en tanto que estrategia para conseguir mejoras sociales, se pusieron en el punto de mira thatcheriano. Esta ideología individualista liberal clásica fue clave para garantizar algunas victorias fundamentales a Thatcher, como la de la huelga de los mineros de 1984, pero aunque supuso un cambio con respecto al sentido común dominante, y operó algunos cambios económicos y sociales de calado, fue menos una victoria completa que una realineación de bandos. De hecho, algunas de las políticas de privatización y recortes más brutales vinieron de la mano del nuevo laborismo de Tony Blair. Como dijo la propia Margaret Thatcher, “mi mayor victoria es Tony Blair”.
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Notas de coyuntura (III)

1) La situación económica global de los últimos meses está definida por las fortísimas intervenciones expansionistas de la Reserva Federal de EEUU y el Banco de Japón, que en ambos casos han puesto enormes cantidades de liquidez en los mercados financieros por la vía de la creación indirecta de dinero. El efecto inmediato de estas intervenciones ha sido reanimar los mercados financieros de todo el mundo y, en esa misma medida, aligerar a los mercados de derivados de deuda soberana de su función de mantener, por sí mismos, los beneficios financieros. Una vez reconducidos de nuevo los flujos de capital hacia los mercados de acciones, bonos y derivados privados, las primas de riesgo sobre la deuda de los países periféricos se relajan fuertemente y, al aparecer nuevas fuentes de rentabilidad a corto plazo, vuelven a ocupar, temporalmente, su papel como inversiones “seguras” y menos rentables. Esta nueva dinámica ha truncado, al menos temporalmente, lo que estaba destinado a ser un ciclo de acumulación financiera basado en la extorsión de la deuda soberana española e italiana y, pone, relativamente, en suspenso, o al menos lo hace menos agonístico, el programa de apertura de nichos de acumulación a través de recortes y privatizaciones en el sur de Europa. Sigue leyendo

Máquinas de crecimiento y guerra entre élites: algunas notas sobre la corrupción

1) Oríginalmente acuñado por los sociólogos Molotch y Logan, la “maquina de crecimiento” es un concepto de la sociologia urbana norteaméricana de los años ochenta que describe, fundamentalmente, grandes coaliciones entre las élites de una ciudad (o una región) para maximizar el crecimiento físico y económico de las areas urbanas o de los espacios regionales. También conocido como “corporativismo  urbano”, la lectura política de este fenómeno se construye sobre la base de enormes consensos entre todos los agentes insititucionales y empresariales en torno a la idoneidad de la relación inmobiliario-financiera como método de gobierno de los espacios urbanos o regionales. El fenómeno nos es familiar, intepenetración de los intereses financieros y de la gran empresa con los poderes políticos locales normalmente con la participación de sindicatos, asociaciones de distinto pelaje y prensa local en el arreglo. En este modelo, la coalición de élites llega a confundirse con el territorio en cuestión -ya sea la ciudad de Madrid, Murcia o Cataluña- y  cualquier voz crítica se despacha como anti-territorio. Sigue leyendo