Algunas impresiones sobre Escocia

1) El Reino Unido vivió una guerra durante los años setenta. Una guerra, continuación de la oleada revolucionaria global de 1968, a la que se ha dado poca importancia en comparación con otros episodios como el 77 italiano, pero en la que estaba en juego, nada menos, que el caracter capitalista del modelo de organización social británica. Las fuerzas del trabajo manufacturero organizado lanzaron un órdago que buscaba superar los límites de uno de los estados de bienestar más desarrollados de Europa. El desenlace lo conocemos: Thatcher ganó una batalla que, antes de nada, se jugó en el frente político cultural. Para ganarla necesitó no sólo ganar a la clase obrera organizada si no también ganar a sus propios capitalistas industriales y someterlos a ellos, y a todo el territorio, al dominio de las finanzas. En términos territoriales esto quiere decir, a subordinar a todo el país a una porción extraña y desterritorializada de la ciudad de Londres, la City, que llevaba desde el siglo XVII organizando el capitalismo mundial y desde mediados de los sesenta minando las regulaciones del sistema internacional de estados-nación. Sigue leyendo

¿Balanza? La que tienen los ricos en la panza

Ayer se publicaron las balanzas fiscales de las relaciones que miden las relaciones monetarias entre Comunidades Autónomas. Para ser exactos “unas” balanzas fiscales, porque hay unos cuantos métodos de cálculo. Por ser claros, me importan un bledo las reclamaciones de Cataluña y de Madrid de ser los “paganos” de la fiesta y su consecuencia, la petición de un nuevo régimen de financiación, del que saldrían beneficiados, me parece despreciable en ambos casos. Uno de los grandes avances de la ciencia social crítica de los últimos años ha sido descubrir, redescubrir más bien, que las estructuras de poder y el control del proceso de acumulación no son neutrales territorialmente sino que se empotran en distintas formaciones territoriales que vienen a conformar el paisaje real de la explotación, la dominación y la desposesión. Un proceso aparantemente neutro como es la formación de divisiones espaciales del trabajo, de especializaciones, en realidad encubre las posiciones de las partes ganadoras en este proceso. No hay posibilidad alguna de redistribución “de clase” sin que haya redistribución territorial, esto vale tanto para Madrid y Barcelona como para demandar a Alemania que los beneficios masivos que obtuvo, y en menor medida sigue obteniendo, de nuestra burbuja inmobiliaria son obligaciones redistributivas. También es el núcleo de razonamiento que hay detrás de la impresión de que son las potencias coloniales y poscoloniales las que deben algo al resto del mundo y no al revés.

Por lo demás, en este pais, ya desde que Jose Manuel Naredo escribiera “Extremadura saqueada” en 1978 en la mítica editorial Ruedo Ibérico, quedó claro que la riqueza de sus principales nodos económicos es correlativa a la desposesión de los territorios perifericos. Desde luego lo es en terminos de recursos naturales y energía por los que el capital jamas paga su verdadero precio, si es que admitimos que, a partir de cierto umbral de consumo, el precio de los recursos, y no sus cantidades físicas, es lo que cuenta. En el mapa de abajo, elaborado por Red Eléctrica Española, aparecen las balanzas de producción de electricidad pero podrían ser de cualquier otro recurso, las zonas hundidas son sumideros de energia y las elevadas, las zonas de producción. Un mapa que casi invierte perfectamente las balanzas fiscales. Se podría añadir que los vertidos, los deshechos, la contaminación de aguas y aire suelen volver a estos territorios supuestamente deficitarios. Y también lo son en términos del trabajo explotado, ya sea en forma de migración de sus jovenes a los polos de producción o de explotación de los salarios más bajos de estos territorios, cuando lo que se produce son “inversiones”. Cómo siempre la pregunta es ¿Quién debe a quien? y, más allá, que significa “deuda”, especialmente la monetaria, sino dominación.

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De la abdicación real a la democracia real

La monarquía es el eslabón débil del régimen. El ámbito perfecto para producir cambios superficiales de corte regeneracionista con un coste político mínimo. Si durante los últimos cinco años un tullido incapaz ha estado al frente de la jefatura del Estado no ha sido más que porque las élites estaban esperando una situación en la que este relevo pudiera cumplir funciones políticas. En concreto, la de presentar a Felipe como regenerador de la democracia en un contexto de previsible turbulencia política generalizada. Desde su punto de vista, es una operación política relativamente sencilla, aunque no exenta de riesgos, como cualquier rito político de paso.

Las elecciones del pasado dia 25 han dado expresión política institucional a la crisis de régimen que se inició el 15M de 2011. Una realidad que, aunque bien palpable por abajo, para los de arriba no venía existiendo más que en forma de malestar social difuso y que se ha hecho repentinamente visible llevándose por delante a unas cuantas figuras políticas que estaban listas para que un soplo de viento las tumbára. Desde arriba se ha movido la primera ficha, la bala que se tiene en la recamara desde hace mucho tiempo, la del “cambiar para que nada cambie”. Esto quiere decir que se ha franqueado un primer umbral político, el que marca la entrada en el ámbito constituyente, pasar por aquí es necesario y es sintoma de un avance. Desde luego, los siguientes movimientos desde arriba ya no van a ser tan sencillos y si cada vez más agónicos e impotentes. Sigue leyendo

Emprendedores: usted puede cargar con el peso de una crisis sistémica sobre sus hombros

La versión más acabada del término “emprendedor” pertenece a Schumpeter. Para el austriaco, tal figura no es, ni mucho menos un trabajador por su cuenta, un asalariado desvinculado de una estructura normativa empresarial, ni tampoco la materialización de la pringosa ideología de la empresarialidad personal. El emprendedor schumpeteriano tiene funciones económicas y sociales mucho más definidas. En concreto, el “emprendedor” es el sujeto social que rompe una situación monopolista estática para abrir nuevos sectores de acumulación, estableciendo a la vez nuevas rentas de innovación, y esto es importante, un nuevo pull, o tirón económico, capaz de abrir un nuevo ciclo de crecimiento. Al menos en la época en la que escribe Schumpeter, pasa, sin demasiado remedio, por el cambio tecnológico y la productividad del trabajo. Porque era capaz de asumir estas funciones sociales, el emprendedor era para Schumpeter la única posibilidad de legitimación de un capitalismo que él veía abocado a la muerte causada por el monopolismo extremo. Sigue leyendo

El capital ficticio

Cuenta Adam Smith cómo los comerciantes y los banqueros de Londres en el siglo XVIII tenían por práctica corriente adelantarse letras de cambio como consigna para sus operaciones comerciales, por supuesto con la certidumbre de que la operación saldaría ese documento y todavía arrojaría fuertes beneficios. Adam Smith, sin embargo, percibe que algo extraño está sucediendo en ese tráfico, que en principio tendría que ser rutinario: las letras de cambio han adquirido vida propia y se intercambian por un montante mucho mayor del que les corresponde. Smith advierte que esta circulación puede crear un desequilibrio monetario irreparable y llama a ajustar su valor al de las reservas de oro. En realidad, Adam Smith estaba asistiendo perplejo a la creación descentralizada de una forma de dinero que tomaba su valor, y su precio, en tanto título de propiedad sobre un beneficio futuro. Porque, al fin y al cabo, los precios de los títulos financieros y otros análogos, como los precios de la tierra, valen tanto como se cree que pueden llegar a valer. Son una de las formas más acabadas y socialmente aceptadas de la profecía autocumplida. Ese tipo de juicio en los que la afirmación de que algo sucederá en el futuro contribuye a que suceda. Sigue leyendo

Notas rápidas sobre el 22M

Hoy estoy enfermo y no he podido ir a la mani. Justo cuando me he dicho que, con una acampada empezando, no quedaba más remedio que abrigarse, tomar Frenadol e ir para allá, ha llegado la carga demencial de los antidisturbios. Me ha dado mucha rabia no ir pero también he podido seguir la secuencia de acontecimientos desde fuera. Incluyendo, el tragarme, por primera vez, la infecta tertulia de La Sexta al respecto. Que, francamente, me recuerda bastante más a Tómbola y La Noria que a una discusión política. Aún así, no he podido dejar de alegrarme de que tipejos como Eduardo Inda o Alfonso Rojo se vean obligados por la fuerza de la movilización a hablar de “proceso constituyente o de “impago de la deuda”, o de que un cretino sociata como Antonio Carmona tenga que distanciarse de ambos términos. Sigue leyendo

Ser más rígido que la UE neoliberal: algunas notas sobre Ucrania, Rusia y Europa

En esta fascinante nota de prensa de la UE sobre Ucrania, además de los formalismos consabidos, distintas formas de decir que no piensa hacer nada en torno a Crimea, propone a Ucrania como políticas europeas, dos muy “ilusionantes”: facilitar una intervención del FMI y un acuerdo de libre comercio. Ya sabemos lo que quiere decir esto, una reorganización de las élites que se volverán más transnacionales, más sumisas a los mercados financieros, e igual de ricas y corruptas. Y una mayor especializacion regional de la producción que hará más dependiente a Ucrania de la UE. Y también sabemos lo que no quiere decir, no quiere decir “redistribución de recursos”, ni “derechos políticos”. Sigue leyendo