OXI!: Grecia cuatro años después.

Hace ya casi cuatro años nos encontramos en una situación en la UE con algunos elementos similares a la que tenemos hoy. Para empezar, un amago de referendum convocado por Papandreu, que fue leído por Europa como un primer y sorpresivo síntoma de que a la población griega podía no estar dispuesta a tragar con el there is no alternative de la austeridad europea. También teníamos entonces una amenaza de corte de la provisión del Banco Central Europeo a los bancos con fines disciplinarios. Lo que no teníamos entonces es un gobierno griego con un mandato claro de luchar contra la austeridad, es decir, de hacer política democrática en la escala europea.

Hace cuatro años descubrimos algo que hoy es evidente, la Unión Europea es una maquinaria política que sobrevive en la medida en que esta “despolitizada”. Despolitizada en un sentido muy concreto, el neoliberal, la Unión Europea de estas décadas ha podido gobernar y reconstruir Europa bajo una institucionalidad sometida a las finanzas, en la medida en que era vista como la voz de la necesidad económica. La política entendida como la gestión de los conflictos sociales, las desigualdades y la pobre dinámica económica que genera el neoliberalismo (siempre dependiente de las burbujas), era algo que afectaba a los gobiernos nacionales. “Si hay algún problema, cambien ustedes al gobierno de su país” parecían decir los grandes capos europeos.

En 2011 aprendimos con Grecia que los gobiernos nacionales pueden no ser más que simples tapones que hay que retirar para formular políticamente la batalla que realmente importa: la que enfrenta a la mayoría de las poblaciones europeas con el poder financiero. Podríamos resumirlo con una demanda de “pongame con su jefe” a nuestros gobernantes nacionales. Syriza entendió perfectamente esto y se propuso desde un primer momento como una herramienta para pelear las batallas que importan, la de la reversión de la austeridad, la de sacudirse el yugo de la deuda. En definitiva, la batalla de Europa.

También aprendimos en 2011 que cuando la UE se enfrenta a la contestación política democrática, su careta de simples mensajeros neutrales de la verdad económica se cae y aparecen unos despiadados validos del poder financiero que no tienen reparos en usar las instituciones europeas para disciplinar a las poblaciones rebeldes a la austeridad y al gobierno de la deuda. La amenaza de expulsión del Euro ha sido quizá la primera y mayor amenaza disciplinaria que ha usado la Unión para meter en cintura a los países del Sur. A medida que se ha ido comprobando que la expulsión de un país del Euro, sin que el país en cuestión quiera irse, está rodeada de todo tipo de problemas jurídicos y económicos, la amenaza disciplinaria se ha trasladado al corte de los mecanismos extraordinarios de liquidez del Banco Central Europeo.

La convocatoria del referendum del domingo por parte de Syriza es una jugada de un coraje político admirable que escenifica una intervención democrática allí justamente donde nunca se nos ha dejado intervenir, donde realmente importa, en los conflictos reales y no en la insípida alternancia entre tipos estéticamente diferentes con las mismas políticas económicas de fondo. Pero la Unión Europea no puede permitir este tipo de consulta sobre sí misma por un motivo sencillo, su reinvención neoliberal en los años ochenta se hizo sobre la base de que no se podía elegir sobre lo que “verdaderamente importa” porque se juega en la escala europea y escapa a los gobiernos. Por que se juega en una arena, la transnacional en la que la presión democrática, no se siente. Desde el punto de vista de la europa neoliberal, ceder a las presiones democráticas era tanto como abrir la puerta a una redistribución de la riqueza entre los territorios y las poblaciones de la Unión, mientras que el proyecto neoliberal europeo siempre fue centralizar el beneficio a escala europea para ponerlo a disposición de las finanzas.

La decisión del Banco Central Europeo de cortar el ELA y dejar a los bancos griegos con problemas de liquididez, mientras Draghi, en el mejor estilo de las profecías autocumplidas que tanto gustan en el sector financiero lanzaba una fatwa financiera contra Grecia en forma de amenaza de corralito si dudaba en aceptar las contrapartidas de los prestamos del rescate. Desde el punto de vista de las funciones democráticas de un banco central esto es una aberración. La función de los bancos centrales es proteger a los ciudadanos que dependen de él de la crisis no provocarla por motivos políticos. La decisión del BCE es como si en los años treinta la Reserva Federal hubiera decidido agravar la crisis porque no les gustaban los planes de inversión pública de Roosevelt.

Pero desde el punto de vista político este ataque frontal tiene sentido, la estructura de poder que soporta la Unión Europea no puede permitirse referendos como el griego, su mera celebración es una transformación de facto del engranaje político europeo, su extensión a otros territorios sería la muerte del proyecto de clase que es hoy Europa en un sentido democrático. Y ninguna clase dominante muere sin resistencia, y más cuando está mirando a España y a Podemos con el rabillo del ojo, aunque esto implique convertir a la única institución propiamente estatal europea, el BCE, en una especie de turbia casa de finanzas que te va a mandar a unos tipos a partirte las piernas si no pagas en los tiempos y cantidades que te han fijado, siempre desde la unilateralidad de la “propiedad” del dinero, y no en una institución con un mandato de prestamista en última instancia que debe garantizar los depósitos a escala europea.

Si en estas circunstancias de guerra psicológica y estado de excepción financiero, gana el No el domingo habremos entrado en una nueva fase política para Europa donde la austeridad y el sometimiento a la deuda como modelo de gobierno ya no podrán soportarse sobre el miedo a lo desconocido que, en realidad, es la base del TINA (There Is No Alternative). Por adelantar un posible escenario, la amenaza de expulsión unilateral del Euro que esgrime europa ya no es creíble y no tiene más posibilidad material que la de los cortes de los mecanismos de financiación extraordinaria del BCE a los bancos griegos para provocar nuevos corralitos que asfixien al gobierno de Tsipras y le obliguen a emitir una moneda nacional. Desde luego siempre cabe la posibilidad de que el gobierno griego acepte este escenario pero parece mucho más posible que siga peleando por mantenerse dentro del Euro y dar la pelea desde el interior, con los derechos políticos y redistributivos que esto facilita a Grecia.

Hay medios de actuar si la respuesta europea a un NO es otra vuelta de tuerca de las amenazas del BCE/Alemania. Una de ellas, la señalaba Wolfang Munchau en el Financial Times hace unas semanas, el default a los prestamos públicos europeos que extendidos a traves de los mecanismos europeos de rescate como el MEDE y el EFSF mientras se mantienen los pagos a los acreedores privados. Esta opción tendría una potencia política muchísimo más fuerte que el previsible impago al FMI de mañana porque enfrentaría visiblemente a Grecia con Alemania y obligaría a Merkel a asumir frente a su ciudadanía la perdida de 90.000 millones de Euros, el 3% del PIB alemán, por culpa de su cierre en banda a una negociación digna de tal nombre. Y por supuesto, proveería a Grecia de los recursos para sacar adelante sus políticas de emergencia social, que en realidad son el punto más urgente de este asunto.

Una última cuestión que quedaría pendiente de aclarar es si el No griego puede traer consigo una nueva oleada de inestabilidad financiera, de ataques a la deuda pública, a los países del sur de Europa. Por supuesto, ha faltado poco tiempo para que los mamarrachos tipo Rajoy y Renzi digan que no hay nada que temer. Que el “contagio” es imposible porque sus países han sido buenos, han hecho lo que les pedían los mercados, y las finanzas no van a ser tan cabronas de enseñarse con nuestros sumisos gobiernos. Esto es directamente basura.

La política actual del Banco Central Europeo, el llamado QE, de bajos tipos de interés y de compra masiva de activos, esta teniendo el efecto de inundar las bolsas de liquidez y, en esa medida, de apartar a los agentes financieros de los titulos de deuda europea como nichos de beneficio y de mantenerlos temporalmente en los mercados de bonos y acciones. Pero el QE no esta generando, ni va a generar ciclos de crecimiento dignos de tal nombre. En España, por ejemplo, se está hinchando una mini burbuja inmobiliaria pero es del todo improbable que vaya a convertirse en un ciclo inmobiliario como los que hemos conocido en el pasado. Las finanzas son perfectamente conscientes de esto y están esperando una señal de switch, de cambio, para volver a los patrones de inversión previos, esto es, en el caso europeo, bonos alemanes en el polo de baja rentabilidad y seguridad y bonos de los países del sur en el polo de alta rentabilidad y alto riesgo. Ya conocemos lo que sigue: subidas de las primas de riesgo y amenaza de asfixia financiera del Estado. Se dirá que es el contagio griego, posiblemente agravado por un crash chino, pero en el fondo no son más que los viejos limites, hace mucho sobrepasados, del neoliberalismo para proponer modelos económicos y sociales viables.

Si llegase una nueva ola de inestabilidad al Sur, el cuadro político sería muy distinto al de 2011/2012. La alternativa política a la austeridad ya se ha formado y puede dar el golpe de gracia a los moribundos gobiernos de Italia y España, y con ello terminar de liquidar el proyecto neoliberal europeo. El poder europeo sabe esto perfectamente e intentará tras la deseable victoria del No en Grecia, contener y negociar. Es una situación en la que que un NO en el referendum que ha convocado Tsipras transformará si o si la Unión Europea tal y como la conocemos, acercandola a un escenario de redistribución de la riqueza y de mutualización de los riesgos financieros.

Por todo esto, vaya desde aquí, todo el reconocimiento a la valentía, la perseverencia y la legitimidad del gobierno de Syriza.

OXI! NO!

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